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lunes, 28 de abril de 2008

Mi despedida en Andrés Carne de Res


Hoy, saliéndome un poco de lo normal en mí, voy a hablar de fiesta. Yo no soy muy de salir, y en Bogotá las ganas de marcha están más bajas que nunca. Pero, el viernes, tocaba celebrar mi despedida y fuimos a Andrés Carne de Res.

Al ser este mi último fin de semana en Colombia (sí, vuelvo a casa el 1 de mayo ya para quedarme), Lucía pensó que no podía irme de aquí sin conocer tan peculiar sitio. Y yo, como de una novia en su despedida de soltera, acaté sus órdenes y creo que me porté muy bien.

Andrés Carne de Res es, posiblemente, el sitio más conocido de todo Bogotá. Es un macrolocal en el que caben más de 1.500 personas entre las mesas y las pistas de baile. Además de comida típica colombiana y carne, mucha carne, la gente va a Andrés a “rumbear”. Así que comimos nuestra punta de anca y el lomo (solomillo español) con ron y cervezas. Debo decir que yo que no soy muy de carne, consideré que era buenísima la que nos dieron, igual que los chicharrones, las papas criollas, las arepas, los chorizos y demás.



El sitio es todo un espectáculo. Lleno hasta los topes de cachivaches. Cada mesa tiene sobre ella un corazón con un nombre y un número. Por estas cosas de la vida que no sabemos explicar, nos tocó el colibrí. Cuando lo vimos, a Lucía y a mí nos pareció muy significativo porque al llegar y mientras estábamos buscando casa como unas desesperadas vimos una de estas pequeñas aves revoloteando entre las flores de una de las casas que visitamos y las dos coincidimos en que era uno de nuestros pájaros preferidos.






Además de trastos por todo, Andrés creo que es famoso por los camareros tan guapos que tiene. Para que diga esto, con los pocos hombres interesantes que he visto en 7 meses, es que había muchos camareros interesantes. Nines, era un poc com s'Esponja però a lo grande!



Como era mi despedida, conseguimos que viniera un grupo de música que se pasea de mesa en mesa para celebraciones. Me pusieron una banda de "miss colombia". No, en serio, me pusieron una banda con la bandera de Colombia en la que pone "honores de la casa" y tocaron "És l'hora dels adeus"









La fiesta se prolongó hasta las 3, más o menos, bailando lo que pusieran y bebiendo ron Caldas. La vuelta en la camioneta que habíamos contratado fue un poco infierno. Pero, pese a ello, la noche valió la pena.



domingo, 27 de abril de 2008

Quiero una bici



"Busco a alguien que tenga una bici de paseo, con cesta delantera que no use y que se sienta tan generoso para dejármela durante una temporada. Si en vez de disponer de ella, tiene un ataque de Rey Mago descomunal, y me la regala, se lo agradeceré doblemente."


Este es mi anuncio hoy porque cada domingo pienso en lo mismo. En Bogotá, como en Quito, los domingos se cierran calles para convertirlas en ciclovías por las que las bicis, los patinadores y los paseadores recorren la ciudad sin necesidad de un vehículo motorizado. Cada domingo pienso en lo bien que me iría tener una bici (no aquí, en Palma) para pasear y, de paso, hacer un poco de ejercicio.

En Palma no tenemos esto, aunque haya plataformas que reclaman carriles bici. Pero disponemos de un Paseo Marítimo fantástico para ir de un lado al otro de la bahía sin bajarnos de las dos ruedas.

Ya lo decía Fernando Fernán-Gómez en su obra más conocida: "Las bicicletas son para el verano". Y yo quiero una para pasearme por las tardes primaverales por el paseo Marítimo, llegar hasta el Molinar con Tita y cotillear el Hola mientras nos tomamos una Coca-Cola light.

En Bogotá no hay verano y comprarse una bici para que te llueva la mitad de los días, no tiene gracia. Pero, en Palma, la cosa es diferente. En Palma miras por la ventana y más o menos puedes saber si ese día hará mal tiempo o no (excepción clara la del 4 de octubre con los tornados). Aquí, eso no pasa. Tú miras por la ventana y ves a gente con abrigo, otros con sandalias. Miras hacia el cielo y ves el sol. Pero, al cabo de una hora, se pone todo negro y cae un aguacero grande. Vamos, que el complejo de cebolla que hemos adquirido, está más que justificado.

Por todo ello, no quiero una bici aquí. Pero sí quiero una bici, de paseo y con cestita, en Palma. Una bici con la que pueda ir hasta el mercado y llevarme a casa cuatro frutas y verduras. Una bici que me permita sacar a pasear a ese perrito que me acompañará en mi re-aventura independiente. Una bici cómoda, bonita y práctica.

Así que, como este blog sigue siendo mío, hoy lo uso de portal de anuncios, por si a alguien, como he dicho al principio, le sobra una o tiene un ataque de generosidad. Quiero una bici para pasearme a partir del 2 de mayo por Mallorca y acepto también a cualquier acompañante que se venga por las tardes conmigo.

martes, 8 de abril de 2008

Los olores reconocibles

Dicen que el olfato es el sentido de los recuerdos y yo lo ratifico, como ratifiqué la definición de Marcel Proust en Por el camino de Swan del retornar a un hecho de tu vida pasada que tenías medio olvidada sólo oliendo a magdalenas recién hechas.
No sé si a los demás os pasa, pero yo tengo un primer recuerdo olfativo muy definido: el olor a puré de los Jardines de Establiments y, si algo me recuerda a ese olor, entonces, me viene a la cabeza cosas de esos dos años de guardería con mis monjas de la Pureza mimándome. Cuando algo me huele al puré de los Jardines, pienso en el cola-cao caliente o la leche blanca sola que nos daban de postre y a las hermanas bajándome a su comedor y dándome cola-cao frío y yogures porque la comida normal no me gustaba. Eso sí, a cambio, yo con mis 3 años, les contaba mi vida y la de la familia.
Además, esos recuerdos no suelen ir solos. El olfato es capaz de llevarme a diferentes escenas dentro de un mismo concepto y por eso es fabuloso. En el caso de los Jardines, me lleva a un día que vimos el arco iris y como todos nos colgamos de la verja para verlo mejor, o a las clases de música con no sé qué hermana tocando el piano y los niños sentados en el suelo, o a mi cuaderno, que sabía que era el mío por los gomets que me habían asignado. No recuerdo si era estrella amarilla, circulo rojo y triángulo verde, pero puedo sentirme dentro de esa clase y ver el armario a la derecha de Francisca (la profe) con todos nuestros cuadernos puestos en orden.
Bueno, pues en Bogotá hay pocos olores familiares, por lo que es complicado transportarme por mi sentido a otra parte. De vez en cuando se percibe cierto olor a chimenea y me sitúo en el casco antiguo de Palma en nochebuena yendo de iglesia en iglesia a escuchar la Sibil·la, o huelo a sopa de ajiaco o de lo que sea y me acuerdo de la “sopa de gallina” del hermano Marí en Pirineos y de todo lo que hacíamos allí.
Pero, ahora, mis padres han dejado en mi casa un olor reconocible y recordable. Ahora, mi pisito de Bogotá huele a su casa de Palma y, esto, me gusta.
Hace una semana que se fueron y, pese a que mi pequeño apartamento de 50 metros ha vuelto a su normalidad (el salón no está invadido de maletas ni Carmen y yo tenemos que dormir entre el sofá y el suelo), la casa sigue oliendo a la de la calle Bonaire número 4 de Palma. Y, ese olor, no es porque lo hayan dejado ellos personalmente, sino que es un olor puesto un poco artificialmente por mi madre.


En Palma siempre hay ramitos por la casa. Normalmente mamá trae las flores de temporada que salen en Esporlas. Pero, también muchas veces compra otras que le gustan. Unas de ellas son los nardos que, para mí, son el olor de casa en otoño. Estando en Madrid, cuando veía varas de nardos, no podía evitar comprarme una o dos que, en las habitaciones de colegio mayor, invadían la estancia y se olían desde el pasillo.
Aquí, en Bogotá, he comprado unas cuantas veces y el martes, antes de irse, mamá y Carmen (no creo que esa fuera una idea que se le ocurriera a mi padre, me sap greu papà), me dejaron una docena en casa. Ahora, cuando salgo del ascensor, huelo a casa y me veo pasando por delante del buró de fuera de la salita, o por el mueble de delante de mi cuarto y diciéndole a mamá “ara m’ha vengut s’olor”. Ahora, a pesar de los 8.000 kilómetros estoy en casa.
Como las flores no duran para siempre, mañana o pasado tendré que retirar el ramo y me iré hasta los puestos de flores a comprar otras también muy de casa: fresias de colorines (fressaris para nosotros) que, con otro aroma, también me trasladarán por unos instantes a casa.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Mi cumpleaños colombiano

Mis padres siempre me han dicho que el día que nací, tío Felipe no pudo llegar a Esporlas de la nevada que había caído. Por eso, hoy, cuando he visto que el día había amanecido gris, nublado y lloviznoso he pensado que a lo mejor era un “remember” de ese 20 de febrero de hace ya 27 años.




Pues sí, hoy es mi cumpleaños. La verdad es que es el cumpleaños más largo de mi vida porque empezó ayer a las 6 de la tarde colombianas (las 12 de la noche en España) cuando Javi me mandó el primer mensaje de felicitación y terminará 30 horas más tarde, a las 12 de aquí. Además, es el más internacional de todos. Me han llegado felicitaciones desde Taipei, Estocolmo, Río y Sao Paulo, Quito, Roma, Madrid, Palma, Valencia, Hawai, Miami, Buenos Aires, Bruselas, Guatemala...






La pena, no poder celebrarlo con toda la gente que se ha acordado de mí, y con los que me gustaría liarla grande hoy. Pero una tiene que ir renunciando ya a cosas. La sala de fiestas del Chami ya ha pasado a la historia, igual que antes pasaron las fiestas en el Estu o la que me montaron en Roma entre Sara, Marty, Michela y Luca. Y, supongo, el año que viene volveré a mis fiestas mallorquinas. Pero, mientras, hoy toca disfrutar de mi primer (y último) cumpleaños en Colombia.






En la oficina, esta mañana, hemos celebrado mi día y el de Lucía, que fue el 1 de febrero pero que ella festejó en Buenos Aires. Así que hoy nos han traído dos tartas buenísimas al trabajo y, en familia, hemos disfrutado de nuestro nuevo año. La verdad es que yo quería unas tartas horteras, con mucho merengue rosa y flores comestibles. Pero, al final, nos hemos decantado por unas cosas normales y buenas. No son las tartas que me hacía tía Nasi para mis primeros cumples, pero han hecho un apaño.








Por la tarde me toca ir a recoger la ropa que tengo encargada para Hawai y preparar la maleta porque mañana no tendré mucho tiempo y no me puedo dejar nada.

Para que veáis mi evolución durante estos años os he ido dejando algunas fotos de mi vida. La mayoría no son las que yo hubiera escogido, pero deben de ser las que más le gustan a mamá, que es la que se ha tomado el trabajo de escanearlas y mandarlas.




lunes, 18 de febrero de 2008

Rebajas y el peso colombiano

Para los españoles, el concepto “rebajas” está muy arraigado en nuestra cultura. Todas las tiendas ponen más baratos sus productos en stock para no cargarse con ropa pasada de temporada. Pero, ¿qué pasa si en un país no hay cambios de estaciones? ¿Qué pasa si todas las tiendas tienen ropa para el clima de la ciudad y algunas cositas para ir a “tierra caliente” o a “tierra fría”? Pues pasa que sólo algunas tiendas internacionales ponen descuentos a sus productos.

Aquí, en Bogotá, puedes comprar bikinis todo el año. Pero comprar ropa para ir a la playa (nuestra ropa de verano) ya es un poco más complicado. Si a eso le sumamos que las “colombianas bien” de nuestra zona viven por y para sus cuerpos, es difícil, por no decir imposible, comprar en una tienda normal ropa que supere la talla 10 colombiana (una 40 española).

A pesar de estos problemas, hay algunas ventajas en cuanto al vestir. A mí, para ir a Hawai, me han hecho bikinis y modelitos a medida a muy buen precio, originales y a mi gusto. Vamos, que sólo me falta el cuerpo talla XS para irme al archipiélago norteamericano como Paris Milton.

Por otro lado, un problema grave al que nos enfrentamos ahora es el económico. Si sumamos que la retención del ICEX es ahora 200 euros más alta que en diciembre y el cambio euro-peso es también desfavorable, cuesta un poco llegar a fin de mes como antes.
Cuando llegamos a Bogotá, el cambio estaba en 2850 pesos el euro y, en diciembre, superamos los 3000 pesos por euro. Pero, ahora, nos encontramos en un momento de bajón grande en el que nos hemos estancado por debajo de los 2800 pesos.

¿Qué consecuencia inmediata tiene esto? Pues que en diciembre sacábamos del cajero 300.000 pesos y, al cambio, eran 100 euros. Ahora, sacando la misma cantidad, perdemos casi 10 euros. Si multiplicamos por el alquiler (1.500.000 de pesos), son unos 50 euros más. Y así, en todo. Vamos, que ahora sumando el 10% más de retención fiscal y la devaluación del euro frente al peso, nuestro poder adquisitivo se ha reducido en un 20%.

martes, 12 de febrero de 2008

Flores colombianas para San Valentín


Ahora que en España y en casi todo el mundo machacan por todos lados con San Valentín, debo agradecer al pueblo colombiano que no se hayan rendido al dominio estadounidense y, aquí, conserven el día “del Amor y la Amistad”, que cae en septiembre.

Yo pensaba que, después de ver como el mes de octubre estuvo dedicado a Halloween y noviembre, diciembre y parte de enero a Navidad, ahora nos machacarían con corazones y flores por todas partes. Pero no ha sido así.

Aunque los negocios no hagan su agosto particular con la celebración del 14 de febrero, hay empresas colombianas que sí se benefician de este negocio del amor. Este es el caso de los productores de flores, principalmente rosas que están ampliando su producción para poder satisfacer el mercado internacional con sus mejores productos. Colombia, junto con Ecuador son los países punteros en la exportación de flores frescas y durante todo el año se pueden encontrar rosas, girasoles, nardos, lirios y todo un abanico de flores que se encuentran a muy buen precio en los puestos fijos, callejeros y en los semáforos. Es más, Colombia se ha convertido en 35 años en la segunda potencia exportadora a nivel mundial, sólo por detrás de Holanda, abarcando el 14% del mercado. En 2004, el volumen de exportaciones supuso para el país una entrada de divisas de más de 580 millones de dólares y San Valentín es una fecha clave para el sector.

Durante todo el año, las flores buenas de verdad se van a Estados Unidos y a Europa. Allí se encarece su precio por 10 y ya no puedes comprar dos docenas de rosas, ni 10 varas de nardos y un ramo de hoja de eucalipto por 10.000 pesos (3,5 euros). Es más, en fechas como Sant Jordi, una rosa sola te cuesta más que aquí dos docenas…
Pero bueno, a pesar de los bajos precios, yo no creo que esta semana me regale ningún ramo, más que nada porque todavía tengo mis 10 nardos perfumando todo mi pequeño apartamento y, cuando entro, me recuerda a casa y a mi madre. Pero nunca se sabe. A lo mejor el jueves decido que esta proletaria del amor se quiere mucho y se va a hacer un regalito. O, ya me espero un poco y me hago un regalo general por el cursi-día y mi cumpleaños.

viernes, 8 de febrero de 2008

Con la cruz a cuestas

Colombia es un país en el que la religión oficial es el catolicismo, su himno incluye la frase "la humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz". Esto ya lo habíamos superado y vemos como una cosa normal la religiosidad de este pueblo. Pero, lo que no podíamos imaginar es lo que hemos visto hoy.



Esta mañana, viniendo a la oficina, hemos ido viendo frentes manchadas de negro. La primera persona que hemos visto así creíamos que tenía una mancha de nacimiento. Pero, nada más lejos de la realidad. La gente ha aprovechado para ir a misa a primer ahora y salir con el símbolo del miércoles de ceniza en su piel.

En las oficinas, hombres y mujeres trabajan hoy con la frente pintada y, por lo que nos han dicho, no se quitan la ceniza hasta que se caiga. Por eso, mejor ir a primera hora y así el resto de tus amigos, de los compañeros de trabajo y de la sociedad en general tiene más horas para ver que has cumplido con las obligaciones cristianas. Aquí, la ceniza no es como la española: es negra y la cruz es grande, para que se vea desde lejos. No sé si creen que cuando desaparece esa mancha, su alma ya está limpia. Pero en mis miércoles de ceniza que recuerdo y a los que íbamos más por obligación o por perdernos una clase a cambio de aguantar una misa, salíamos de la Iglesia con la frente ya limpia. Y ni las monjas del Sagrado Corazón, ni los jesuítas de Montesión nos dijeron nunca que debíamos llevar esa cruz puesta hasta que se limpiara sola.



Hoy, el presidente Uribe firma papeles mostrando su religiosidad y dando ejemplo de lo que es ser "buen colombiano" al resto de sus compatriotas. A mí me parece que es más una forma más del carácter de esta sociedad en la que la apariencia exterior es fundamental para sentirse parte del todo.

Mañana, todas las caras volverán a la normalidad.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Cuatro meses

La gente celebra aniversarios por cualquier cosa. Así que hoy celebraré que ya llevamos en Bogotá cuatro meses. En este tiempo, el miedo inicial ha dado paso a una adaptación, a considerar la ciudad como parte de mí y a verla ya como otra de “mis ciudades”. Hasta ahora tenía tres. Todas en Europa: Palma, Madrid y Roma. Ahora ya puedo sumar esta que, pese a ser agresiva en todo y con todos, ya es un poco mi casa.


En el caso de Bogotá no me pasa como con las otras tres. Sé que estoy aquí de paso. En principio un año, pero puede que algo menos. Tengo ganas de volver a Mallorca y trabajar allí de lo que me gusta, de pasarme el día arriba y abajo entre una entrevista, una rueda de prensa, un reportaje o una fiesta. Quiero asentarme. Pero, de momento, voy a disfrutar la experiencia de vivir por aquí y de poder viajar por la zona.

La capital colombiana nos recibió el 5 de octubre con lluvia y no cambió el tiempo hasta hace unas semanas. Ahora, los días son más largos y hemos pasado del eterno otoño a la eterna primavera. Esa puede ser una de las razones por las que estoy más contenta porque, como bien saben en casa, a mí la lluvia me chafa y me pone muy triste. Cuando veo el sol y el cielo azul, mi carácter se calma, soy más productiva y aprovecho todo mucho más.


Siguen sorprendiendo cosas de la vida diaria: los baños para liliputienses o del mismo tamaño que los del parvulario del Sagrado Corazón, las calles peligrosas, el no poder tirar el papel al inodoro o el tener que ir a pagar todas las facturas al banco (por cierto, hoy tengo que pagar el teléfono). Pero, a la vez, voy descubriendo pequeños rinconcitos que me gustan. Es más, sé que estoy a un paso de descubrir mi “fontana” delante del Panteón donde sentarme con un helado y no pensar en nada más.

Hoy sabré qué pasa con mi vida, al menos qué haré los próximos dos meses. Ahora entran los miedos y las dudas sobre lo que tengo que hacer o lo que puede pasar. Esperaremos unas horas más…

martes, 5 de febrero de 2008

Marcha contra las FARC

Hoy el mundo se ha solidarizado con Colombia. Este país enorme y dividido por múltiples conflictos que llenan las páginas de su historia es ahora el centro de atención internacional. Y ya era hora.


En las selvas colombianas están retenidos por las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas) más de 700 hombres y mujeres. Pero, a este número, hay que sumarle todas las víctimas que durante más de 44 años han sido secuestradas, asesinadas y extorsionadas por estos terroristas.


Tras una iniciativa surgida en Facebook por unos jóvenes, todo el mundo ha tomado conciencia de un problema real que impide el desarrollo interno y externo de un país que, por ubicación y recursos naturales podría liderar Latino América.



Hoy yo no me he unido a ninguna de las marchas que se han dado cita en Bogotá a las 12. Pero hemos seguido desde la oficina la que pasaba por la calle 100. La gente se ha vestido con camisetas reivindicativas en las que podía leerse "Colombia soy yo" y, por detras, "no más FARC, no más secuestros, no más mentiras". No sé si se habrán alcanzado los 22 millones de personas en todo el país (la mitad de la población colombiana) que exigían las FARC para pensar que no se les quiere. Pero lo que está claro es que los colombianos, por naturaleza bastante pasivos, hoy han dado un golpe de autoridad y han mostrado su repulsa hacia la losa que les chafa y les va hundiendo.


Ahora el país está a la espera de las nuevas liberaciones. No se está de acuerdo con la política de Chávez, pero devolver a la libertad a cualquier persona bien vale aguantar al presidente vecino con sus ataques de dictador prepotente y hasta las amenazas de atacarnos. Espero que alguien le haga entrar en razón y esas amenazas sean sólo un farol porque, pese a que tiene a la mayor parte de los países en su contra, Irán, Corea del Norte y alguno que otro más de los estados considerados peligrosos están de su lado.

Dejo el enlace de la noticia publicada en el periódico más importante de Colombia:

http://www.eltiempo.com/politica/2008-02-05/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3945957.html

lunes, 4 de febrero de 2008

Fútbol, rejones y Super Bowl

Los domingos en Bogotá me gustan. Aunque no tenga nada que hacer, siempre hay partidos interesantes de la Liga, el Calcio o la Premier por la tele. Pero, hoy, a pesar de haber visto empatar al Mallorca (me abstengo de hacer comentarios sobre Manzano) y ganar al Barça en el último minuto, teníamos un plan diferente.


A las 15:30 horas teníamos una cita con la corrida de Rejones en la Plaza de Toros de Santamaría. El cartel inicial incluía a los Joao Moura (padre e hijo) y a Juan Rafael Restrepo. Al final, y por alguna enfermedad, se ha sustituido al patriarca de los portugueses por el colombiano Piraquive.




La plaza más importante del país es bonita, pequeña (14.500 localidades) pero acogedora. Situada en el barrio de la Macarena y entre edificios grandes y modernos fue construida en 1931 y, actualmente acoge la temporada taurina durante los meses de enero y febrero. Es más, este año entre los maestros que van o han pasado por aquí se encuentran Fran Rivera, “El Juli”, César Rincón, Enrique Ponce, Finito de Córdoba o José Tomás. A estos dos últimos vamos a ir a verlos el domingo que viene si antes Irene no avisa a mis compañeros y les dice que soy una pésima compañera para ver una corrida del más grande matador que hay ahora en España. Pero bueno, intentaré sobreponerme a mi miedo y disfrutar de la faena.




En cuanto a la corrida de hoy cabe destacar el buen trabajo hecho por Joao Moura que, en el primer toro ha sido reconocido con una oreja y, en el segundo, el Presidente no ha querido otorgársela. En cuanto a los dos colombianos, Piraquive ha dado el susto grande de la tarde al alcanzar a su caballo el toro y tirarlo de la montura. Cojeando y dolorido de su cadera derecha se ha levantado, ha ido en busca de su animal y ha continuado con la faena.





Al terminar, Miguel y Rafa se han quedado en la zona y yo he vuelto a casa… ¡en bus! Después de cuatro meses aquí me he atrevido a coger el transporte público, y no me ha ido nada mal. He parado en el super, he hecho la compra y me he venido a casa para ver la Super Bowl. Por primera vez no me ha pillado a las 3 de la madrugada y he podido ver todo el partido animado con los comentarios de la Cadena Ser.



Y aquí acaba mi fin de semana movido y “cultural”. Mañana vuelta al trabajo, esta vez ya con Lucía que ha llegado hoy de su viaje de cumpleaños.

domingo, 3 de febrero de 2008

Tarde de fútbol y cena entre juguetes

Para que yo sea feliz me bastan pocas cosas. Ir al fútbol es una de ellas. Por eso, ayer fue uno de esos buenos días. Nos juntamos cuatro españoles: Albert (becario EFE), Pablo, Rafa y yo y nos fuimos al Campín a ver perder a Millos contra Medellín. En principio teníamos que ir con un colombiano, pero pasó de nosotros y decidimos que ya que era el plan organizado, no íbamos a quedarnos sin ir.


Para mí era la segunda vez que iba al campo y han sido dos partidos muy diferentes. El primero fue la semifinal de la Copa Nissan Sudamericana y el estadio estaba lleno. Ayer, el primer partido del torneo de verano, debía haber media entrada. Eso sí, a pesar de haber menos gente, los “barras bravas”, los ultras en Colombia no dejaron de animar.





El partido fue malo, bastante aburrido. Pero Jonathan Estrada, el jugador que quiero para el Mallorca, volvió a ser el mejor entre los 28 futbolistas que pisaron el césped.

Al terminar el partido, y con la derrota 1-2 de Millos nos fuimos a cenar todos. Lo bueno de ir a ver un partido en el que no te pones nervioso por el resultado es que luego puedes ir a cenar, salir o hablar como si nada hubiera pasado.





El sitio que elegimos se llama “La Juguetería” y es un restaurante muy peculiar. El local, las mesas, los baños y el aparcamiento están recubiertos de juguetes viejos. Los platos se llaman como los personajes de cuentos más conocidos y te cambian tus juguetes por bonos de comida.





sábado, 2 de febrero de 2008

El Museo Nacional




Hay sitios que una descubre por sorpresa y que alegran el día. Hoy he descubierto uno de esos lugares: el Museo Nacional.
Todo ha empezado cuando he ido a la plaza de toros a comprar unas entradas para la corrida de rejones del domingo (Chispi, no pienses “ya la hemos liado” porque los rejones no me dan miedo). El taxi que me llevaba ha pasado por delante de un edificio muy bonito, tipo fortaleza que ha resultado ser el museo. Así que he comprado las entradas y una bota para poder llevar algo de beber, he comido algo y me he ido para allá.

El edificio del museo es una antigua cárcel. Grande pero con el tamaño y las obras suficientes para hacerse una idea de la historia del país sin cansarse en exceso. Una construcción empezada en 1850 y reconvertida en la sede de la colección nacional durante el primer cuarto de siglo XX.


La entrada es barata (3.000 pesos, poco más de 1 euro) y he decidido ver cronológicamente el arte de Nueva Granada, que es el nombre que recibió Colombia entre la conquista y la independencia conseguida con Simón Bolívar. Tras visitar la sala de culturas preconquista he encontrado a un guía que explicaba gratuitamente a quien quisiera escuchar un poco de todo sobre el edificio, las obras y la historia de Colombia y me he enganchado al grupo.



En la sala de conquistadores, y tras preguntar si había algún español en el grupo, he ayudado un poco a contar la situación española en 1492 y se me ha hecho tan raro ver la historia que siempre hemos dado desde el otro lado que me he avergonzado, otra vez, de nuestros antepasados. En España se nos explica que Cristóbal Colón consiguió convencer a los Reyes Católicos para emprender unos viajes en busca de las Indias yendo hacia el Oeste. No se cuenta las barbaridades que cometieron en los nuevos territorios. Nadie explica que los pocos españoles que conseguían sobrevivir de cada expedición creaban ciudades (no como los portugueses que ocupaban las ya existentes) para, desde allí, centralizar el poder y dominar todo el país. Se obvia contar que fuimos los auténticos bárbaros en tierras prósperas y con civilizaciones interesantísimas. Y celebrábamos en el colegio el 12 de octubre haciendo carabelas en cáscara de nuez o en madalenas valencianas que, al bajar del bus y enseñárselas a mamá, nos comíamos para merendar.



Realmente ha sido un paseo de dos horas por la Colombia de los primeros pobladores comerciantes del 900 a.C hasta la actualidad y de pensar que mis “remansos de paz” en esta ciudad se encuentran dentro de los museos, en sitios con poca gente y lo más silenciosos posibles.

Además, aunque estas visitas me gusta hacerlas sola, daría lo que fuera para que Luis me acompañara en alguno de estos museos y me contara todo lo que sabe sobre todo. Aquí, si algo me hace falta es un “amigo cultural”, alguien con quien me entienda a la hora de visitar monumentos, iglesias, museos. Alguien que entienda mi necesidad de entrar en la Historia por medio de lo que nos ha dejado y de disfrutar de unos fines de semana perdidos en cualquier lugar. El año pasado tuve la grandísima suerte de encontrar a Luis y aquí me hace mucha falta. Pero bueno, si las cosas no cambian, en marzo podré suplir este vacío con mis padres y Carmen, con los que ya sé el ritmo que podemos llevar y lo que les gustará. Es un paso.


viernes, 1 de febrero de 2008

Felicidades Lucía

Cumplir años es una buena señal y, cuando la edad es significativa, suele suponer un cambio en la vida. Es el caso de los 25 que hoy cumple Lucía. Hoy, 1 de febrero, unas horas antes en España y otras más tarde en Colombia, ha cumplido su primer cuarto de siglo.



Para celebrarlo, nada mejor que una ruta para ver a los amigos distribuidos por este continente tan grande. Unas horas en Lima, unos días en La Paz y otros en Buenos Aires. Así que hoy no tendremos fiesta, ni tarta ni “cumpleaños feliz”. Pero el lunes ya organizaremos algo y, quien sabe, encontramos una fecha intermedia entre “su día” y “el mío” para festejar.

Como un regalito, hoy le dedico este post porque, sin ella, estos 4 meses en Bogotá hubieran sido muy diferentes. No sé cómo ni por qué desde el primer día nos entendemos bien. Siendo tan completamente diferentes somos a la vez tan iguales. Debe ser eso de que los polos opuestos se complementan y es lo que nos ha pasado aquí.




Es difícil comprender como se crean amistades en poco tiempo, pero aquí pasa. Esto es como un “gran hermano” en el que pasamos muchas horas juntos todos. Horas de oficina, paseos por la mañana hasta la Ofecomes ,horas de comida, algunas de ocio, domingos en Usaquén y, ya con una mirada consigues saber lo que piensa la otra.

Yo soy mamá Lluc (será que de verdad parezco una mamá porque en Roma también era “la mamma”), la que en teoría calma, la que ve las soluciones a los miles de problemas que tenemos por aquí. Ella es la que me relaja en los días de desesperación (no sé por qué no solemos coincidir en nuestros días peores) y la que me escucha y me comprende cuando le cuento mis penas.

Esta semana la he echado de menos, mucho más que en otros momentos. Tengo ahora mismo la cabeza hecha un lío entre cosas de Palma y de aquí. Entre trabajo y piso. Entre posibles viajes a Hawai y visita de mis padres, o retorno a casa. Entre compañeros nuevos y falta de mujeres españolas.




Pero bueno, hoy es su día, no el mío. Y desde Bogotá le deseo un muy feliz cumpleaños y que esté disfrutando de Buenos Aires, la tierra de su padre, con Encarni y Rubén, con el calorcito del verano y los colores del barrio de Boca.
Aquí la esperamos, con los brazos abiertos, los oídos ansiosos de escuchar sus historias y los ojos preparados para sus miles de fotos hechas con “Genoveva” y su cámara normal.

Un beso muy grande “nena” y ¡felicidades!

martes, 22 de enero de 2008

Eva (Quito) en Bogotá

Bogotá cambia mucho de verla un fin de semana sola a hacerlo con visitas. Por esto, este fin de semana ha sido, para mí, el mejor desde que llegué a esta ciudad. Normalmente los fines de semana hago pocas cosas y, la mayoría, sola. Pero, el viernes llegaron Eva Paíno desde Quito, Elena, la prima de Lucía y su compañera azafata de Iberia, Isabel y, por primera vez en casi cuatro meses nos juntamos cinco mujeres para hacer cosas.

El viernes Eva y yo hicimos más bien poco porque llegamos a casa del aeropuerto sobre las 10 de la noche. Fuimos a cenar al Crepes y nos pusimos al día de las cosas que nos pasan a nosotras y de los cotilleos "internacionales" que conocemos.

El sábado, la cosa cambió, y nos adentramos en Bogotá. El día, como para hacerme un poco más feliz, acompañó y disfrutamos de sol casi todo el tiempo. Por la mañana subimos en funicular a Monserrate, vimos la ciudad desde las alturas y paseamos por el recinto del santuario. Luego, bajamos en teleférico y continuamos nuestra visita por la Candelaria, Plaza Bolívar, Palacio Presidencial, Catedral...



Para comer, encontramos un "rinconcito de paz" dentro del bullicio capitalino y allí estuvimos un buen rato, comiendo y charlando y no oyendo más que a las palomas que se bañaban en una fuente cercana a nuestra mesa.




Por la tarde, y después de tomarnos el reglamentario café en el Juan Valdez, continuamos por el museo Botero y el de la Moneda. Ambos son muy interesantes y están en el mismo edificio: una antigua hacienda colombiana muy bien rehabilitada.




Antes de volver a casa para descansar un poco y salir a cenar, paseamos por unas callejuelas de casas de mil colores hasta llegar a la plaza más hippie de toda la ciudad.



Para cenar, habíamos reservado mesa en el Club Colombia, un sitio hiper chic en el que no nos atrevimos a tomar más que una cerveza y hacernos una foto en plan modelos colombianas. De allí, y camino a otro sitio, nos encontramos con un italiano bastante decente y nos quedamos allí.


El domingo, como si todas fuéramos azafatas de Iberia desayunamos en el Hotel la Fontana, una preciosa edificación, enorme y de bastante nivel. En el bufet, como desesperadas, las tres expatriadas nos lanzamos a la tortilla de patatas que había.

Del hotel fuimos a Usaquén a gastar pesos y pesos en el mercado de las Pulgas. Allí Eva comprendió que esta ciudad te invita al consumismo extremo. Y es que, si una cosa tiene muy buena Bogotá son los artesanos y diseñadores-artesanos que realizan sus piezas únicas o por encargo a buen precio.

Después de comer y pasar un rato en casa de Lucía, tocó volver a casa para despedir a Eva y terminar un muuuuuuy buen fin de semana.