martes, 22 de abril de 2008

Quito

Dicen que Quito tiene uno de los cascos históricos mejores de Latinoamérica. La verdad es que no he visto muchos más. Pero sí sé que Quito tiene su encanto radicado en la autenticidad de sus calles, de sus iglesias y de su gente.
El sábado, Eva me llevó a conocer mil cosas de su ciudad. Por la mañana subimos al Pichincha y desde 4.100 metros vimos la capital ecuatoriana. Es una urbe inmensa, que se extiende durante kilómetros entre los valles de la cordillera andina. Si en Bogotá cuesta respirar, lo que es andar un rato por los caminos del Pichincha es casi una misión imposible. Aún así, lo conseguimos y, pese a que las nubes nos impidieron ver nada durante unos minutos, el resto del tiempo disfrutamos de unas vistas espectaculares. Y, como compensación por el esfuerzo realizado, me comí un algodón de azúcar que me supo a gloria.






Una vez bajamos del teleférico, nos dirigimos hacia el centro y nuestra primera parada fue la Basílica. Ésta es la iglesia más espectacular de Quito. Se ve desde cualquier punto de la ciudad por sus altas torres y hasta arriba subimos. Yo me he dado cuenta de que mi vértigo sólo sale cuando subo iglesias, porque la anterior vez que sentí que las piernas me iban a fallar estando en las alturas fue cuando subí a las torres de la Sagrada Familia. Pero, a pesar de mis males, llegué hasta lo más alto. Y valió la pena.





Tras reponernos del tembleque de piernas, paseamos por las calles del centro. Comimos camarones apanados (gambas gabardina o rebozadas) y seguimos viendo iglesias y plazas que, según indican los carteles, son la mayoría de los siglos XVI – XVII. Y, del centro, al Panecillo, a ver las vistas que nos quedaban.



Desde esta pequeña montañita vimos una gran humareda negra al sur de la ciudad que nos llamó mucho la atención. Al llegar a casa de Eva vimos en el periódico que era la discoteca en la que murieron 15 personas. En estas ciudades, las salidas de emergencia se cierran con candado para que no se deje entrar a gente sin pagar. En ese caso, encima, el techo estaba recubierto de colchones y no se les ocurrió otra cosa que lanzar fuegos artificiales dentro del recinto. Todo esto, durante unos conciertos a las 16:30 y con más de 200 personas en la discoteca que no tenía los permisos necesarios.



viernes, 18 de abril de 2008

Rumbo a Quito

Si esta vez todo sale bien, dentro de unas horas saldré rumbo a Quito. Este viaje, que debería haber supuesto mi primera escapada de Bogotá, se ha convertido en el de despedida. Voy a devolverle la visita que me hizo en enero a Eva y a conocer la ciudad que mis padres vieron hace menos de un mes. Voy a desconectar y a aprovechar este último viaje que me brinda mi estancia en Bogotá.

Bueno, esto, como he dicho antes, si todo sale bien. Esperemos que ningún avión de Iberia se salga de la pista, ni empiece a llover a mares aquí o allá.

Espero volver el lunes con muchas fotos que poner y mucho más que contar. Además, por el bien de este blog es necesario que yo me mueva y tenga muchas cosas en la cabeza para narrar. Si no me muevo, pasa lo que pasa: escribo posts densos y sin ninguna imagen.

Lo dicho, espero volver el lunes con material para publicar 3 ó 4 entradas y con las pilas cargadas para afrontar estos últimos días en Bogotá.

El concepto de país en vías de desarrollo

Si hay un concepto cruel ese es el de país en vías de desarrollo. Se supone que tiene que reflejar la idea de un país subdesarrollado que está avanzando hacia el desarrollo. Pero, en el caso de Colombia, y creo que de la mayoría de países englobados dentro de esa clasificación, el ser un “país en vías de desarrollo” indica que no hay igualdades dentro de un mismo territorio.

Un país en vías de desarrollo no es sinónimo de que todo el país está caminando conjuntamente hacia un mejor nivel económico. Es más, significa que hay una parte muy desarrollada y otra subdesarrollada. No hay una igualdad en la evolución y, con esas diferencias se marca más la barrera entre zonas y entre la población. En Bogotá, por ejemplo, el norte (siempre el norte) de la ciudad es la parte más moderna, más cara y más desarrollada. En ella vive gente que ha podido estudiar, que han viajado, que comparten la mesa con los trabajadores internacionales contando una que ha estado en 31 poblaciones españolas, otra su crucero por las islas griegas o el tercero mostrando su Iphone comprado en Miami.

El sur, sin embargo, es un conglomerado de pobreza, aumentado día a día por los desplazados que llegan de todas partes del país. Sus habitantes trabajan, principalmente, para la gente del norte. Son empleados de las cafeterías, restaurantes o tiendas de la otra parte de la ciudad o limpian casas toda la mañana por 5 euros y perdiendo más de dos horas en las busetas que los traen hacia aquí.

Este hecho, en una urbe que tiene más de 50 kilómetros de distancia entre la parte más al norte y la más al sur hace que más de la mitad de sus 8 millones de habitantes vivan en los estratos más bajos (0, 1, 2 y 3). Y que las diferencias sociales se acentúen así como va progresando el norte. Los "ricos" exprimen más a los pobres con la diferencia de que en vez de hacerse esta explotación entre habitantes de dos países diferentes, se hace dentro de la misma ciudad, con sus propios vecinos. Y los de clases más bajas soportan una losa sobre sus espaldas que les conducen al servicialismo y la sumisión para poder vivir.

martes, 15 de abril de 2008

Hoy me mojo contra Hacienda

Hoy me voy a mojar porque lo necesito. Necesito expresar mi queja hacia un sistema fiscal injusto y poco equitativo: el español. Como desconozco la situación en otros países y la de otras personas, me limitaré a comentar mi opinión sobre nuestro fisco.

En época de declaración de renta, me pongo de los nervios viendo como Hacienda (que somos todos), no es para todos igual. Cuando nuestros padres eras jóvenes el que declaraba a Hacienda tenía un gran patrimonio o unas rentas económicas muy altas. Ahora, además de los ricos, hay una gran población de subnormales (no me sale otra palabra) que también tenemos que pagar por el mero hecho de haber trabajado para dos pagadores diferentes en un mismo ejercicio económico. Y, nosotros, los subnormales, no somos "buenos partidos" ni pagamos por cobrar millonadas. Pagamos, simplemente, por haber trabajado en dos o más sitios en un mismo ejercicio económico.

No sé a quién beneficia esta medida, pero al trabajador desde luego que no. No sé si se hizo (como casi todo en este país) para contentar a los empresarios y evitar que los trabajadores puedan cambiar de trabajo con facilidad. Porque, desde luego, así como está el mundo laboral ahora mismo, el hecho de penalizar el cambio de trabajo es como penalizar el mismo sistema profesional español. Al empleado, se le debería poder dar la oportunidad de cambiar de trabajo en cualquier momento del año sin pensar en el dineral que deberá pagar a Hacienda el año siguiente porque, lo que se consigue así es tener a un grupo grande de gente que prefiere no trabajar durante unos meses. Además, teniendo en cuenta que la mayoría de contratos que se firman a lo largo de un año son temporales, es muy normal que los trabajadores tengamos varios pagadores.

Según la Agencia Tributaria, los límites para no declarar se encuentran en los 22.000 euros brutos anuales para un solo pagador o para varios pagadores que no superen los 1.000 euros anuales. Si estos varios pagadores superan esa cifra, el límite para no declarar se sitúa en los 8.000 euros. Vamos, que a demás de "precarios", somos pringaos totales.

Veo a Pedro Solbes vendiéndonos a los españoles que el Ministerio de Economía y Hacienda va a inyectar no sé cuántos miles de millones (todo lo que supere cierta cifra se me escapa) para revitalizar la economía, empezando por los 400 euros que se devolverá a los contribuyentes (con contrato) a partir de julio, la ayuda de 210 euros al mes para alquiler de vivienda, a la que tampoco me puedo acoger por estar en el extranjero sin contrato, ayudas a empresarios y a no sé quién más. Pero nunca se le ocurre al Gobierno pensar en los becarios, y menos a los pagados -sin contrato- por el propio Gobierno de España.

Y yo me río (por no llorar) al pensar que los 400 euros que voy a tener que pagar a Hacienda este año por culpa de haber hecho un trabajo en enero por el que me pagaron más de 1.000 euros que, sumado a la dotación de octubre a diciembre de la beca supera los 8.000 euros, va a poder ir a parar al bolsillo del señor Escarrer (dueño de Sol-Meliá), al del "Pocero", al de Angel María Villar o al de cualquier empleado español simplemente por tener un contrato, independientemente del dineral que gane.

viernes, 11 de abril de 2008

Me gusta el fútbol

Como este es mi blog, y hablo de lo que quiero y de lo que siento, hoy voy a volver a hablar de fútbol. De lo bonito y lo justo que es a veces, y de la mierda que es en otras ocasiones. Es lo que tiene ver como un equipo pierde por dos fallos cuando tenía a toda España alucinando con su gesta (hasta Raúl gritaba en las gradas animando a sus rivales en otras ocasiones).

El martes, el Liverpool y el Arsenal ofrecieron uno de los mejores espectáculos que puede dar la Champions. Ayer el Barça volvió a hacer su juego de esta temporada: aburrido y sin ganas, y no hubo pañolada en el Camp Nou porque se clasificaron para semifinales. Y, hoy, el fútbol, ha vuelto a demostrar que puede ser el deporte más injusto del mundo.

Los que somos de equipos pequeños, creo que nos sentimos “hermanados” con otros españoles cuando llegan a partidos importantes. En el caso de los que hemos vivido años de gloria de nuestros equipos, nos debatimos entre la envidia y la admiración por los cambios de ciclo futbolístico. Y, hoy, yo me he sentido azulona, del Getafe, de sus jugadores y, principalmente, de Braulio y Cortés, a los que conozco y han hecho un partidazo los dos.

Pero, la gloria, no les llega siempre a los que se la merecen y el Bayern, en su estilo, se ha llevado un partido que no se merecía para nada. Ni por fútbol, ni por los comentarios hechos por Beckenbauer, ni por su afición, ni por nada de nada. Al final, la experiencia pesa a su favor y los goles en el último minuto, también.
Lo siento, pero hoy me he alegrado (10 años después), de que el Manchester se llevara esa Champions en el Camp Nou, ganándola con la misma medicina que normalmente le da los partidos al Bayern: marcando 2 goles en el último minuto.

Hoy tengo ganas de fútbol en directo, de estar en un estadio jugándome algo. Hoy volvería a ese 22 de abril de 1999, en el Lluís Sitjar y ver otra vez el partido Mallorca – Chelsea (cuando no era el Chelsea de Drogba, pero sí del Chapi Ferrer) de semifinales de la Recopa. Y luego, una semana después, a Birmingham, aunque sea para ver perder al Mallorca su primera final europea contra la Lazio.




(Este video, de la llegada del Mallorca a Palma desde Birmingham, pone los pelos de punta a cualquier aficionado y sé que Juana, Tita, Nacho y Juan Ribas, mis compañeros de fútbol en esa época, también lloran cada vez que lo ven)

Tampoco le haría un feo a la final de Copa del Rey de Valencia en el 98, ni mucho menos a la de Elche del 2003. Pero, igual que eso, ahora mismo me haría feliz saber que puedo ir a ver la final de Champions (y más si es un Liverpool – Manchester), o a cualquier partido de la Eurocopa. Como eso no podrá ser, espero que mis niños del Juvenil lleguen a la Copa del Rey, y que el Mallorca B se vuelva a jugar el ascenso para que, al llegar a Palma tenga mucho Fútbol (con mayúscula) que ver.

martes, 8 de abril de 2008

Los olores reconocibles

Dicen que el olfato es el sentido de los recuerdos y yo lo ratifico, como ratifiqué la definición de Marcel Proust en Por el camino de Swan del retornar a un hecho de tu vida pasada que tenías medio olvidada sólo oliendo a magdalenas recién hechas.
No sé si a los demás os pasa, pero yo tengo un primer recuerdo olfativo muy definido: el olor a puré de los Jardines de Establiments y, si algo me recuerda a ese olor, entonces, me viene a la cabeza cosas de esos dos años de guardería con mis monjas de la Pureza mimándome. Cuando algo me huele al puré de los Jardines, pienso en el cola-cao caliente o la leche blanca sola que nos daban de postre y a las hermanas bajándome a su comedor y dándome cola-cao frío y yogures porque la comida normal no me gustaba. Eso sí, a cambio, yo con mis 3 años, les contaba mi vida y la de la familia.
Además, esos recuerdos no suelen ir solos. El olfato es capaz de llevarme a diferentes escenas dentro de un mismo concepto y por eso es fabuloso. En el caso de los Jardines, me lleva a un día que vimos el arco iris y como todos nos colgamos de la verja para verlo mejor, o a las clases de música con no sé qué hermana tocando el piano y los niños sentados en el suelo, o a mi cuaderno, que sabía que era el mío por los gomets que me habían asignado. No recuerdo si era estrella amarilla, circulo rojo y triángulo verde, pero puedo sentirme dentro de esa clase y ver el armario a la derecha de Francisca (la profe) con todos nuestros cuadernos puestos en orden.
Bueno, pues en Bogotá hay pocos olores familiares, por lo que es complicado transportarme por mi sentido a otra parte. De vez en cuando se percibe cierto olor a chimenea y me sitúo en el casco antiguo de Palma en nochebuena yendo de iglesia en iglesia a escuchar la Sibil·la, o huelo a sopa de ajiaco o de lo que sea y me acuerdo de la “sopa de gallina” del hermano Marí en Pirineos y de todo lo que hacíamos allí.
Pero, ahora, mis padres han dejado en mi casa un olor reconocible y recordable. Ahora, mi pisito de Bogotá huele a su casa de Palma y, esto, me gusta.
Hace una semana que se fueron y, pese a que mi pequeño apartamento de 50 metros ha vuelto a su normalidad (el salón no está invadido de maletas ni Carmen y yo tenemos que dormir entre el sofá y el suelo), la casa sigue oliendo a la de la calle Bonaire número 4 de Palma. Y, ese olor, no es porque lo hayan dejado ellos personalmente, sino que es un olor puesto un poco artificialmente por mi madre.


En Palma siempre hay ramitos por la casa. Normalmente mamá trae las flores de temporada que salen en Esporlas. Pero, también muchas veces compra otras que le gustan. Unas de ellas son los nardos que, para mí, son el olor de casa en otoño. Estando en Madrid, cuando veía varas de nardos, no podía evitar comprarme una o dos que, en las habitaciones de colegio mayor, invadían la estancia y se olían desde el pasillo.
Aquí, en Bogotá, he comprado unas cuantas veces y el martes, antes de irse, mamá y Carmen (no creo que esa fuera una idea que se le ocurriera a mi padre, me sap greu papà), me dejaron una docena en casa. Ahora, cuando salgo del ascensor, huelo a casa y me veo pasando por delante del buró de fuera de la salita, o por el mueble de delante de mi cuarto y diciéndole a mamá “ara m’ha vengut s’olor”. Ahora, a pesar de los 8.000 kilómetros estoy en casa.
Como las flores no duran para siempre, mañana o pasado tendré que retirar el ramo y me iré hasta los puestos de flores a comprar otras también muy de casa: fresias de colorines (fressaris para nosotros) que, con otro aroma, también me trasladarán por unos instantes a casa.

domingo, 6 de abril de 2008

Islas del Rosario

Desde Cartagena, el domingo de Pascua hicimos una excursión a la playa. En principio queríamos una cosa medio exclusiva, a una playa desierta. Pero, por fechas y por el precio excesivo, nos unimos a una visita organizada. Metidos en una patera (real, era com un El Gasa amb 30 persones), nos dirigimos hacia las Islas del Rosario. Así como el agua de Cartagena es marrón y no apetece bañarse, en las islas es diferente. Allí se nota que estás en aguas caribeñas, la arena es blanca y el mar caliente.


Pero, antes de llegar a la playa, nos paramos en un acuario que se encuentra dentro del mar. Tiene jaulas para los peces, tiburones, delfines y tortugas. Pero todos los animales nadan en aguas naturales. El sitio en sí no vale mucho la pena, pero para mí, ver animales siempre es algo que me gusta, así que disfruté más que los niños que venían con nosotros.


De allí, fuimos a la isla de Barú donde comimos y nos bañamos en Playa Blanca. La playa en sí es muy bonita y enorme. Pero era complicado bañarse sin chocarse con algún local. Nosotras conseguimos, andando un poco, ir hasta una zona menos ocupada y allí sí disfrutamos de nuestro baño caribeño.