Este país es increíble. Su primera maravilla y monumento histórico es una inmensa catedral hecha dentro de una mina de sal que terminó de construirse en 1995. La verdad es que impresiona la magnitud de la obra con las 14 paradas del vía crucis, cada una de ellas esculpida en la roca, una cúpula preciosa y una iglesia de tres naves más grandes que la Seu de Palma. Es un lugar de peregrinación, aunque a la mayoría de la gente se le olvide que estás dentro de un templo católico en el que, además, también se celebran conciertos y hasta han construido una sala de congresos.
Por otro lado, para llegar hasta ese monumento, lo puedes hacer en coche particular, en taxi, en bus o en el tren turístico. Esta última opción es la que hemos elegido Lucía y yo para celebrar nuestro primer mes aquí. Hoy el día ha acompañado y entre todo, nos ha supuesto una cura de realidad. Durante los 40 kilómetros que separan Bogotá y Zipaquirá hemos pasado por zonas riquísimas, por grandes centros comerciales, por centros deportivos con campos de fútbol de césped perfecto y por zonas muy pobres. Llama la atención que todo el mundo se para y saluda al tren con cara de felicidad. A mí me ha recordado cuando, de pequeña, saludaba a los turistas que iban a Sóller. La diferencia principal es que nuestros turistas suelen ser extranjeros y aquí el turismo es algo nacional. Por eso, todo el mundo nos hace muchísimo caso y, hoy, el encargado de la excursión se ha preocupado mucho más por nosotras que por cualquier otra persona.
El tema de la excesiva atención es algo que se agradece cuando lo necesitas pero que puede ser muy pesado en la mayoría de veces. Este es un tema del que hablaré en otro post, porque es algo digno de estudio.






