jueves, 20 de diciembre de 2007

El tiempo pasa más despacio

No sé si será por la gravedad, la inclinación, la altitud o qué sé yo, pero en Bogotá el tiempo pasa más despacio. Las horas son más lentas y las semanas (aunque las últimas hayan pasado rápidas), tienen más de 7 días. También será que por todo tienes que esperar horas y horas. En el aeropuerto hay que estar 3 horas antes de la salida del vuelo y para pagar los recibos de casa tienes que armarte de paciencia y hacer una peregrinación bancaria. Cada factura se paga en un banco diferente y, como te “demores” unos días en hacer el abono, directamente te cortan la luz, el teléfono o el agua. Supongo que en España hace 30 años, cuando nadie tenía domiciliados los recibos era igual. Pero lo que está claro es que para las empresas, tener a un tipo que se dedica a perder horas en las colas de los bancos, no es muy rentable y no augura un desarrollo económico inminente del país.

El otro día acompañé a Lucía a arreglar unos papeles para poder sacar de la aduana una cámara de fotos que se ha comprado en Estados Unidos. Para llegar al sitio, estuvimos más de 2 horas en un taxi, con un taxista corto corto que no sabía dónde íbamos (y eso que situar una calle aquí es facilísimo porque están numeradas). Después de eso, 20 minutos esperando para el papelito en cuestión (lo más efectivo y competente que he visto en casi 3 meses), 45 minutos de cola en un banco para pagar unas tasas y un rato más en el taxi para ir a la zona franca. Todo continuó hasta las 6 de la tarde, hora a la que llegamos a casa muertas de agotamiento después de haber salido de la oficina a las 11:15...

Lo que está claro es que aquí se valora el tiempo de otra forma y se pierden muchísimas horas al cabo del año. Así no hay país que evolucione...

2 comentarios:

VICTORIA! dijo...

VUELVE, A CASA VUELVE, POR NAVIDAD...!!

ÀNIM, EN RES JA SERÀS PER TERRES MALLORQUINES!!!!

UN BESITO GRAN!!!

amaranta dijo...

Rectifico en nombre de Lluc, de competentes en la DIAN (Departamento de impuestos y aduanas de Colombia)¡nada de nada!

Por supuesto, al día siguiente llamaron de UPS, faltaban activar las casillas 53 y 54 del RUT. Y obviamente por teléfono no se podía solucionar. Además tenía que pagar en el banco. Huí de la primera sucursal por claustrofobia, me pelee con todo el personal de la segunda, para acabar haciendo la cola como una gilipollas mientras el estómago se me devoraba a sí mismo de la acidez.

Por suerte mamá-Lluc me rescató del peor ataque de ansiedad que he tenido desde que llegamos.

"¡LOS ODIO, LOS ODIO, LOS ODIO!, y además, ¿sabes qué te digo? ¡que me vuelvo esta noche a España!"

Tranquila, me dijo en un abrazo, y me llenó el bolso de coca-cola light "necesaria" y chocolates "necesarios" para enfrentarnos a otras dos horas de taxi y de peleas con los funcionarios de la DIAN.

Esta mañana he ido a recoger el fruto de mis disgustos. ¡¡Por fin tengo cámara!!

Gracias mamá-Lluc